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Cine con piquete #4 Esta película no solo rompe olas, también rompe huesos


Hay películas sobre el tema religioso que, por muy buenas que sean, no provoca verlas dos veces. Hace como 10 años fui a ver Rompiendo las Olas (Breaking the Waves) de Lars Von Trier y salí maldiciéndolo por haberme hecho sentir todo lo que experimenté con su filme. Me fui de la sala con dolor de piernas por la tensión que me produjo, y llorando más que María Magdalena. Muy buena, su cinta, pero escoñetante.
La película tiene un tratamiento crudo, para que te conectes íntimamente con la protagonista: Bess, una mujer oriunda de un pueblo ortodoxo de Escocia, que se enamora de Jan, un obrero de una torre petrolera de alta mar de la que va y viene continuamente. Bess tiene una característica peculiar: cree tener un contacto directo con Dios.
Un accidente en la torre petrolera hace que Jan quede parapléjico. Este suceso sumerge a Bess en un largo camino de prostitución, maltratos y vejaciones, convencida de que su sacrificio y sus penitencias harán que el Dios al que ella tiene acceso directo le devuelva la salud a su esposo. La protagonista comienza entonces un largo camino de vejación que la hacen convertirse en el centro de las críticas del pueblo, pero a medida que más se somete a su sacrificio, la salud de Jan va mejorando.
Dominación y control a través del sacrificio religioso. Cuando terminé de ver la película no pude dejar de pensar cuántas veces me torturé pensando en que si hacia tal o cual cosa por alguien, la vida me recompensaría con un bien.
Vale la pena fijarse también en el tratamiento que se le dio a la cámara: los actores no la buscan a esta, esta los busca a ellos; te los acerca, y aunque pareciera una imagen sucia, está planteada con el fin de colocarte en el lugar de los hechos.
Si quieres experimentar lo que es un tipo de cine que te rompe hasta los huesos échale un vistazo a Rompiendo las Olas (o a las otras dos películas de su trilogía Corazón de oro: Dancer in the Dark y Los Idiotas). Seguro después andarás maldiciéndome a mí así como yo lo hice con Lars, ese desgraciado que sabe cómo sacudirte de verdad.

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